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Viaje al centro de la cosa

El centro de la cosaLlevamos ya unos días, o semanas, chapoteando en el tema de la gente, de la gente en organizaciones abiertas o más bien cerradas. Hablamos de la gente y de sus relaciones en las empresas desde nuestra individualidad de blogueros más o menos pensantes. Probablemente sea la experiencia como blogueros la que nos hace reflexionar tanto sobre eso.

Escribo como uno de los últimos en llegar a esta blogosfera donde, en muy poco tiempo, me encuentro dialogando con gente que vete a saber tú quiénes son: consultores y asesores artesanos o no tanto, funcionarios, directivos multinacionales, profes u orientadores de los demás, por citar algunos y algunas de las “supuestas” ocupaciones de los nodos de esta mi red irreverente, creativa y radical. Trabajamos y aportamos ya no por igual sino, mejor, tal cual. Opinamos y debatimos en un plis plas. A mí me gustan estas maneras y adivino que también a los demás. Me gustan tanto que quiero que mi yo físico y jurídico pueda deambular por un mundo blogosférico, de personas como ustedes, con una ocupación como una etiqueta, puramente taxonómica.

Hablamos, digo, de la gente y sus relaciones en sus contenedores, las organizaciones, ay, tan jodidas; para ver si damos con la fórmula que contagie al mundo físico de este modelo blogoédrico con el que se está tan a gustito.

Pensando en ello y en lo que hemos estado leyendo estas semanas unos de otros, empiezo a dibujar una cebolla, una sección de una cebolla, donde las personas son tanto el centro de la cosa como el bottom aplastado por lo que les cae encima. Capa a capa:

  1. Iba a llamarla “la ortodoxia jerárquica”, pero las dos últimas entradas de Mario me han ofrecido el genial hallazgo de”la danza del ciego“. Lo tomo. Me refiero a este primer círculo invisible y sofocante de las relaciones inevitables de un modelo de responsabilidades asignadas de una manera, si no jerárquica, ordenada y situacional. Según dónde estés, ése es tu papel ineludible y ortodoxo. Ahógate en él o cambia de puesto que eso es lo que hay. Si eres jefe sufrirás por A y por B y pecarás de X e Y, si eres subordinado padecerás de C y D y caerás en Z y W.
  2. El ficticio sueño de gestionar los recursos humanos, con su interminable recetario de lo adecuado para el desarrollo de la plusvalía. Todas recetas que siempre acaban sabiendo al rancio gusto de lo recocinado. Chup-chup de la gente en la olla organizativa donde se busca el menú que genere más beneficio a menor coste. Fórmese el recurso con esto y lo otro, incentívese así y asá, normalícelo en lo posible y, sobre todo, no se pase que puede malograrlo si lo macera demasiado y pierde su frescura de persona.
  3. Los barrotes, guardias y defensores de las relaciones laborales como el dios del mercado libre (pero no demasiado) manda. Hay que rebuscar entre todos los resquicios de cualquier trato entre personas para normalizarlo y prevenirlo adecuadamente, que la gente es mala e idiota y las personas no saben lo que quieren ni lo que pueden como para dejar que se entiendan sin supervisión. El peso de esta capa se acentúa por el de siglos de explotación que nos han dejado un complejo de culpabilidad que sólo sabemos afrontar con una sobreprotección y super regulación contra todo riesgo.
  4. El imperio de la ley que dictamina qué tipos de empresa existen y pueden existir, con fórmulas jurídicas que aplastan la vida inteligente. La inteligencia necesita alternativas que no caben, no encajan, en esas tipologías burocráticas de leyes centenarias en edad y en mentalidad.
  5. Y la cultura de un país y de un occidente que más que pesar, es presión atmosférica que lo envuelve todo.

En el centro, pero también debajo, están las personas. Para acabar con una analogía (aún más forzada que todas las anteriores) me imagino ese centro, ese abajo, como el centro de la tierra, el abajo absoluto donde bullen a altas temperaturas minerales líquidos bajo presiones inimaginables.

Y nos subimos a nuestras avanzadas naves blogopropulsadas a ver si encontramos el camino: viaje al centro de la cosa.

Publicado en Bloguear, Equipos y personas, Open Business, Opinión, Organizaciones.


7 Respuestas

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  1. Senior Manager dijo

    Si pero…En ese centro precisamente, allí en ese abajo del centro de la tierra, como dices tú “absoluto…donde bullen a altas temperaturas minerales líquidos y bajo presiones inimaginables” también se forman los diamantes, de forma lenta pero inexorable, con todo en contra y como un milagro de la naturaleza…se forman estas piedras preciosas talladas a fuerza de relacionarse con el resto de los factores que las rodean, no toda la materia circundante y afectada por el mismo entorno hostil resultará en diamantes, algunas más oscuras serán para siempre carbón, negro y sucio como su propio destino…He elegido ésta analogía, porque en cierta forma a las personas les pasa lo mismo en la empresa…Están sometidas a múltiples estímulos positivos y negativos que van “convirtiendo y mutando” al individuo a lo largo de su “viaje” con un final incierto y que dependerá de cómo se desenvuelvan en todos esos “circulitos” color lila que marcaste arriba y que ciertamente envuelven a las personas como un manto inquietante de relaciones verticales y horizontales dentro de la empresa. Esta angustiosa y posiblemente asfixiante realidad, nos lleva a terminar siendo diamantes o carbón con algunos intermedios indecisos en dejarse terminar de afectar por los elementos o tan cansados de ser afectados que prefieren seguir siendo MIDDLE tal y como lo expresa Mario en su “danza”…Así funcionan las empresas y sus recursos humanos…pero si reflexionamos solo un poco…nos encontramos que la vida también funciona de esta forma… o al menos a veces.

  2. los sueños de la razón dijo

    Me alegra de que la analogía del centro de la tierra genere esta otra que propones, Senior porque por ahí iba mi intención. Ahí está la gente bullendo bajo esas presiones, es verdad y, yendo más lejos aún, asomamos a la superficie por las fisuras de la blogosfera.

    Sin embargo, qué poco espacio resta para que las personas se relacionen, traten y colaboren sin corsés, tal y como lo hacemos por aquí. No es que abogue por la anarquía, el caos o el liberalismo neocon en los entornos organizativos, pero el sistema está muy sobrecargado. Y agobia y paraliza. Eso lo tengo muy claro.

  3. Félix dijo

    La persona vive rodeada de esas capas que dibujas y de otras, pero no la percibo tanto rodeada de aspectos que la presionan sino de cuestiones que necesita. El ser humano es un ser que precisa vivir en sociedad: la cultura, las tradiciones, los mitos, las leyes, son herramientas de las que las personas se han dotado para hacer más sencilla esa convivencia. Si bien es cierto que en ocasiones encorsetan la imaginación y la creatividad y en otras ocasiones asfixian al individuo. Por eso, por ejemplo, los artistas rompen los moldes del modelo de convivencia.

    Estoy asistiendo de espectador a este coloquio sobre las relaciones humanas dentro de las organizaciones empresariales; espero que, cuando tenga tiempo de leer todo lo escrito y de aportar algún punto de vista, éste no haya concluido ya.

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