- Si siguen este tipo de sentencias, cualquiera podría vivir de escribir comentarios ofensivos contra sí mismo en cualquier blog y después denunciarlo. O cualquiera puede pedir el cierre de cualquier página web participativa con el mismo truco.
- Ya no es que sea un ataque a la libertad de expresión, es que es el (des)gobierno de la estupidez: la estupidocracia.
- Es una cuestión de números: blogs que lo denuncian, votos en menéame. Éste es uno más.
- Por si alguien no sabe de qué va esto todavía, donde mejor he visto que lo explican es en Público.
- ¿Cuántas organizaciones están tan cargadas de resentimiento y odio hacia la gente que las mantiene? ¿Cuántas son tan odiadas? Se alimenta, parece, de ese odio; como los seres más maléficos de la literatura fantástica.
- Lo mejor, probablemente, es ni mencionarla. Negarle el nombre y la existencia.
- Ahora voy a borrar las dos entradas que escribí sobre ella. Propongo que nunca volvamos a mencionar esas malditas siglas. Tabú. La vida sin ella.
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Urbanita para toda la vida, fugado en una isla mediterránea; filósofo y letrado que mola más que psicólogo, de apellido, social que, en mis tiempos, era una especialidad. Entre tanto título genérico me quedé con un perfil polimórfico y más bien metodológico. Desde la enseñanza a la consultoría, pasando por la estadística, la creación de [...]


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