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Otra vez, que sea la última

  1. Si siguen este tipo de sentencias, cualquiera podría vivir de escribir comentarios ofensivos contra sí mismo en cualquier blog y después denunciarlo. O cualquiera puede pedir el cierre de cualquier página web participativa con el mismo truco.
  2. Ya no es que sea un ataque a la libertad de expresión, es que es el (des)gobierno de la estupidez: la estupidocracia.
  3. Es una cuestión de números: blogs que lo denuncian, votos en menéame. Éste es uno más.
  4. Por si alguien no sabe de qué va esto todavía, donde mejor he visto que lo explican es en Público.
  5. ¿Cuántas organizaciones están tan cargadas de resentimiento y odio hacia la gente que las mantiene? ¿Cuántas son tan odiadas? Se alimenta, parece, de ese odio; como los seres más maléficos de la literatura fantástica.
  6. Lo mejor, probablemente, es ni mencionarla. Negarle el nombre y la existencia.
  7. Ahora voy a borrar las dos entradas que escribí sobre ella. Propongo que nunca volvamos a mencionar esas malditas siglas. Tabú. La vida sin ella.

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