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Fondo y forma

Fondo y forma 1.

Estoy trabajando en un par de proyectos con otro consultor que fue proveedor de mi ex-organización. Él es un experto. Quiero decir (bueno, él lo dice) que siempre ha sido consultor en unos contenidos concretos, que sabe (y sabe que sabe) de un tema concreto y sus servicios siempre rondaban ese tema. Los dos estamos ahora trabajando para un organización sobre cuyos contenidos no tenemos ni pajolera idea. Nos cuesta entender sus procesos porque su terminología nos parece extraterrestre y la mayoría de los trabajadores de esa empresa son técnicos supercualificados.

Me muevo a gusto con esa sensación. Siempre me he considerado experto de nada y aprendiz de lo que sea. Además, no me pagan por asesorarles y ayudarles en su trabajo técnico sino en el cómo lo organizan, en el cómo se relacionan y en el cómo mejoran. Mi compañero se muestra un poco sorprendido, porque nunca se había encontrado en una situación así. Yo creo que no es cierto pero él no lo sabía. Su experiencia en los contenidos le ha liberado de ellos y, en realidad, sus asesoramientos eran metodológicos, como los que estamos haciendo en la empresa esta exótica. Por eso es un buen consultor.

2.

Voy a que me orienten (¡je!) sobre mi alta empresarial (de temas burocrático-normativo-fiscales nunca llegaré ni a aprendiz, mi religión me lo prohíbe). Me preguntan si voy a ser profesional o empresa unipersonal. Yo: “¿Perdone?” . La mujer que me asesora me mira con cara de pensar “Ya estamos” y me lo explica muy bien:

- Un profesional vive de lo que sabe y ofrece lo que sabe, mientras que una empresa tiene una actividad que puede producir servicios diversos.
- Ah, bueno, pues yo sé de lo que hago y mi intención era vivir de lo qué sé hacer, así que mejor profesional, ¿no? que parece más sencillo.
- Y usted ¿qué es?.
- Consultor, a mandar.
- Ya, pero ¿qué es? ¿qué ha estudiado?.
- Filosofía y letras, pero serlo, serlo, lo que se dice serlo….
- (Sorprendida) ¿Y qué quiere hacer?
- (Temeroso) Bueno, asesoro a organizaciones para que mejoren, ya sabe, procesos, calidad, organización, sistemas de información…
- Pues entonces no puede ser profesional, tiene que ser empresa porque no hace usted de lo que sabe.
- Pero… si eso es de lo que sé…

Y así ha seguido el tema… la he dejado con la duda, eso sí…

- Además no hay epígrafe, entre los profesionales, para eso que usted hace

3.

Como no entendemos nada de lo que hace la empresa esta en la que estamos trabajando, a su gente también les parecemos dos marcianos; y cuando tienen que explicarnos uno de sus procesos de trabajo no dejamos de preguntar “¿porqué?” como si fuésemos niños de la generación informe PISA. Están encantados, los clientes, nunca habían tenido nadie delante que les hiciese esa simple pregunta. La verdad es que vamos entendiendo de que hablan, pero seguimos haciendo ver que nos suena a chino porque está resultando una buena práctica.

Colofón.

Asocio fondo a contenidos y forma a método. Siempre me ha interesado más el método que los contenidos. Esa actitud, por otra parte, está basada en una mala cabeza que tiende a olvidar datos como fechas, nombres y frases; mientras que aprende rápidamente maneras de hacer, relaciones, causas y efectos. Tengo amigos de memoria enciclopédica a los que envidio. Pero yo me defiendo mejor delante de los problemas que requieren habilidades transversales y no tanto recuperar informaciones. Además, para eso está Google.

Es verdad que el método no tiene sentido sin unos contenidos donde aplicarse, pero también lo es que los contenidos sin un método para usarlos son meras bibliotecas deshabitadas. O ¿en el fondo sólo hay forma?

¿Qué pensáis de esta elucubración? Otro día me pongo más formal y hago un decálogo o algo así, pero hoy sólo quería recoger algunas píldoras reflexivas ¿Compartís alguna?

PS.: Los enlaces son guiños ;-) .

Publicado en Consultoría, Opinión, Organizaciones.


4 Respuestas

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  1. Julen dijo

    Vale, ya he visto el guiño.
    En mi caso, que me dedico a la consultoría de pájaros y flores, qué quieres que te diga, pues que yo no sé de nada. Sólo sé que hay que ponerse delante de temas complejos y mirarlos desde algún ángulo que proporcione una visión útil.
    Saber que tienes un problema es importante (mucha gente no se da cuenta y eso sí que es un problema), pero el problema de verdad llega si quieres resolverlo. Ahí es donde hay terreno. Antes era un desierto y luego empieza a ser un lugar donde hay ideas, líneas que las conectan, surcos con una ligera caída, salidas laterales…
    Nada nuevo bajo el sol.
    Yo primero fui profesional y ahora soy empresa. La única razón -quizá esté mal que lo diga- es la facturación: el tratamiento fiscal es mejor si las cifras empiezan a ser elevadas. Esto de “elevadas” no lo decido yo sino quienes me llevan esas cosas. Y así estamos, entretenidos.
    Yo estudié psicología y me temo que tampoco trabajo en lo que sé o en lo que debía de saber.
    Ánimo con el decálogo. Luego no sirve para nada, pero lo bien que lo pasamos haciéndolo, merece la pena ;-)

  2. los sueños de la razón dijo

    Los psicólogos estamos por todas partes, somos víricos. En realidad estudié psicología (social) pero para entonces la facultad era la de filosofía y letras (¡qué gracioso lo de “y letras”!) y a mi me gusta ir por ahí de filosofo letrado, como que despista más.

    Por lo demás, coincido contigo. Una de las frases hechas que más me gustan es la de “uno nunca sabe para qué se está entrenando”.

  3. Javier Llinares dijo

    Pues aqui otro que estudió Psicología.
    Estoy de acuerdo con Julen (o sus asesores), por razones fiscales es mucho mejor ser empresa. Lo que no ha dicho Julen es que para ser empresa, tiene que haber al menos 1 trabajador y ese trabajador tiene que ser autónomo. En definitiva que lo mejor es montar la empresa y darse de alta de autónomos.

  4. Yoriento dijo

    Uf, en esas mismas reflexiones ando, me has pillado desarmado aunque sensibilizado. Me muevo entre dos aguas: intentar dedicarme a lo que me gusta, e intentar que me guste aquello a lo que me suelo dedicar.
    Lo que pasa es que esa relación entre los intereses y las ocupaciones suele ser interactiva, me acaba divirtiendo aquello en lo que me especializo, y termino especializado en aquello que me motiva.
    En fin, a mi me suele inspirar la escena final en Cadena Perpetua del ex banquero escapado de prisión que acaba dedicándose a cuidar de su barco en Zihuatanejo y a gestionar su propio hotelito cual Rick en cualquier Casablanca.
    Y es que una vez que has entendido que tampoco vas a cambiar las cosas tienes todo el tiempo del mundo para intentar disfrutar de ellas, de las que te interesan y también de aquellas a las que te dedicas. Y si puede ser, con amigos.
    Por cierto, yo también soy psicólogo, pero me gustaría mantenerlo entre nosotros, si no os importa.



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