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En un bucle

Estuve moderando una reunión, hace un par de días, dónde se trataba de solucionar… vete tú a saber lo que se trataba de solucionar… en teoría un problema que tenía ya más de quince años. Los participantes no dejaban de entrar en argumentaciones recursivas que no llevaban a ninguna parte. En algún momento tuve la sensación de que habíamos entrado en el limbo y que nunca más saldríamos de allí.

Tratando de encontrar algo gráfico que ilustrase los bucles en los que a veces nos atrapamos, llego, rebotando de una búsqueda a otra, a este corto: Halluci, inspirado en la paradójica escalera de Escher. Es exactamente el tipo de sensación que quería transmitir y me guardo el vídeo como recurso, a ver si me sirve para desbloquear algunas situaciones con las que me encuentro más de una vez, aunque sólo sea por el agobio que produce.

En la próxima reunión de ese grupo, lo pongo al principio a ver si reaccionan.

El final es muy, muy, bueno.

Publicado en Consultoría.

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Intentando hackear el día

Dream more work less1

Me ha gustado la entrada de La Maison de la Vierge Cómo hacer de uno mismo un hacker. Os remito a su lectura que es muy interesante. Trata de las necesidades y requisitos para ubicarse dentro de esa actitud.

Me he reconocido mucho especialmente en estos dos puntos:

  • Ningún problema tendría que resolverse dos veces
    He aquí la razón por la que hay que compartir la información. El tiempo es cada vez un bien más valorado y se ahorraría mucho si nadie tuviese que resolver un problema ya resuelto anteriormente. De esta manera, se dedica todo el esfuerzo en resolver nuevos problemas que surgen continuamente.
  • El aburrimiento y el trabajo rutinario son perniciosos
    El trabajo repetitivo impide al hacker utilizar su creatividad para resolver problemas. Por lo tanto, el hacker debe “automatizar las tareas rutinarias todo lo que se pueda” para poder dedicarse de pleno a aquello que le apasiona.

Los dos los relaciono con otros que enuncié en la virtud de la vagancia:

  • Abúrrete de los temas que se repiten, de los problemas irresolubles, de las soluciones obvias, de las tautologías. Distráete con cualquier petición nueva, con las paradojas de la vida, con aquello que no entiendes, con los problemas jodidos de verdad. A lo banal, ponle cara de asquito.
  • Invierte tu tiempo en disponer de más tiempo. Pierde el tiempo en montar procesos que te eviten tener que repetir las tareas, las instrucciones. Sé el mejor proyecto de vago que nunca existió. Busca la eliminación de toda actividad superflua y la máxima rapidez en resolver toda actividad necesaria. Acaba con ella rápidamente.

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Disculpad la autocita. El caso es que voy apretado de trabajo y no todo el que tengo es para resolver problemas, mucho hay de rutinario y de gestión que me quita tiempo para lo importante o para lo que me gusta. Entre otras cosas, la urgencia me hace resolver de la manera más rápida posible. Hay que ser realista, pero sé que estoy desperdiciando tiempo al no poder analizar. Sé que me encontraré con el mismo problema más adelante y que me maldeciré por no haberlo resuelto ni automatizado la resolución en la primera ocasión.

Si hay algo que odie es tener que correr para aportar una solución parcial y temporal. Ese tiempo dedicado a resolver con prisa no es recuperable ni mejorará en nada otras situaciones futuras. Tiempo literalmente perdido por satisfacer la prisa.

Cuando hay presión de trabajo de este tipo: continua y para resolver temas poco interesantes, pierdo eficiencia y eficacia. Para poder aportar de verdad valor en un proyecto necesito poder disponer del lujo de dispersar mi atención y eso requiere tiempo entre una cosa y otra. Necesito de espacios aparentemente improductivos, pero que, en el fondo, son la mejor fuente de productividad a la que puedo acudir. Si enlazo un trabajo con otro sin interrupciones, sin pasos perdidos, sin lecturas rápidas de mi reader, sin ratillos de miradas perdidas, sin lecturas tranquilas de una novela, se me adormece la creatividad y el ingenio y aumenta mi conformismo con la mínima calidad necesaria. Entro en un compromiso perverso entre la cantidad y la calidad de lo que produzco. Es una reacción casi metabólica y muy ajustada a la realidad, a poner los pies en la tierra. Sin embargo, siento firmemente que la verdad es que estoy perdiendo tiempo (no “el tiempo”, no, tiempo del de verdad, del que está hecha la vida) pese a la gran cantidad de tareas que voy tachando.

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Por eso paro y escribo esta entrada, pese a que retraso el tren del curro en el que estoy metido. Me perdonen ustedes, pero un blog también sirve para estas cosas y hay que cumplir como hacker vocacional; y ahora escribiré alguna sandez en el twitter, ¡hala!.

Y, por cierto, no sólo me pasa a mí…

Publicado en Productividad, Trabajo.

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Contra el teletrabajo

¿telecurro? Félix ya ha publicado una y dos entradas, desde que sigo su blog, acerca del teletrabajo. Las dos han llevado a comentarios interesantes. Ya dije que deseaba conversar sobre ese tema, entre otros, de blog a blog y aquí dejo alguna idea un tanto radical a ver qué da de sí.
  • El teletrabajo es uno de esos temas antiguos que siempre parecen ser novedad. Parece una utopía en toda regla. Se suele representar por personas apaciblemente echadas en la verde hierba de un parque con su portátil, en la playita, en sitios así, bucólicos y antítesis de las oficinas clásicas. Es algo deseable creo que por la mayoría de los profesionales que trabajan con información y que pueden sacar provecho de las TIC; pero que cuando se plantea formalmente o cuando se verifica su grado de implantación se convierte en un cúmulo de problemas: que disminuye la comunicación cara a cara, que tu jefe se puede olvidar de ti, que si trabajar en casa ocasiona problemas de obesidad por tener la nevera cerca, que si te aísla y te deprime, que es muy complicado adaptarse a un sistema que funcione por objetivos, que hay que adaptar los sistemas de información…
  • El otro entorno en el que se presenta el teletrabajo es el de la solución a problemas asociados con el uso de recursos o con el acceso a profesionales que no estarían disponibles si no fuese a través de este sistema. Esto es, el teletrabajo se plantea como algo que se debe asumir si se quiere abaratar los costes de la producción o mejorarla con profesionales “lejanos” (geográfica o culturalmente).
  • También se insiste mucho en que el teletrabajo facilita la conciliación entre la vida familiar y profesional. Sin embargo, sigo sin entender, que aparte de disponer libremente de una parte pequeña del tiempo de viaje entre casa y el trabajo, no tener que trabajar siempre en la oficina suponga que mientras trabajas estés haciendo vida familiar. No sé si alguien ha probado de trabajar con los niños y los parientes en la misma sala, pero no suele ser muy beneficioso ni para los parientes ni para el trabajo.

Entre estos enfoques, el caso es que el teletrabajo sigue siendo un sistema con una escasísima implantación y me da que entre los que lo utilizamos habitualmente, entre los que trabajamos sin necesidad de estar físicamente ubicados en el centro para el que trabajamos, no se le llama teletrabajo. Es, simplemente, la única manera de trabajar buena parte del tiempo. Y esta manera de hacer no es nueva, ya tiene su edad aunque ha sido facilitada enormemente por la banda ancha; e, insisto, no se le suele llamar teletrabajo, es la manera de optimizar el rendimiento.

Por eso creo que deberíamos dejar esos enfoques a un lado. El teletrabajo no es nada por sí mismo, no es una solución para la organización ni una liberación para la persona, sino el resultado de un planteamiento diferente de la colaboración entre personas que, simplemente, no es posible en el seno de la mayoría de las organizaciones.

Es lo de los nombres de las cosas. Tele-trabajo, con ese prefijo de tele supone un simple desplazamiento físico. Esto es, se define teletrabajo como que hagas lo que siempre has hecho y como siempre lo has hecho sólo que de lejos, ahorrándome el coste del espacio físico que ocupas o permitiéndome acceder a tus competencias sin tener que montarte mesa.

Hay muchas actividades cuya productividad se basa en la creación de conocimiento y en el tratamiento de la información. Al menos en éstas, si la organización se plantea tratar a las personas como entidades autónomas, capaces de balancear sus prioridades y sus urgencias en consonancia con las de la organización con las que colabora, si se plantea que el espacio compartimentado tiene tan poco sentido como el tiempo compartimentado entonces ¿qué más da donde trabajes?. Aprovechar los sistemas de comunicación actuales es sencillo; lo demuestra la proliferación de contenidos producidos por los usuarios de la red en blogs y redes sociales sin necesidad de cobrar por ello. Si se establece una red de relaciones productivas basada en proyectos atractivos y se deja que la gente se organice, ya no habrá que hablar del teletrabajo como solución de compromiso. Será la manera mejor de organizarse.

El cara a cara también es algo espontáneo y lo ajustamos sin mayor problema. La relación informal cara a cara es importante, pero también se da buena relación informal a través del correo electrónico, nuestros blogs, la mensajería o twitter. Y cuando necesitas el contacto y que el tono de tu voz cuente o compartir bebida o comida, lo organizas, sin más, por email o chateando o por teléfono.

Resumiendo, el teletrabajo no es algo que tenga ventajas, sino que son las ventajas de un tipo de organización las que generan la independencia de espacio y tiempo necesarios para poder trabajar dnde y cuando sea; en red, con profesionales autónomos (no necesariamente en el sentido jurídico-laboral), colaboradores en proyectos atractivos. Pero si la empresa se concentra en el control de la producción a corto plazo y de la presencia (física o tele), el teletrabajo seguirá siendo esa situación utópica, deseable y contradictoria en sus efectos.

A ver qué pensáis.

Publicado en Cambio, Opinión, Organizaciones, Productividad, Trabajo.

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El terror que llegó del ciber-espacio

Igual ya conocíais este vídeo. Buen humor, para enseñárselo a alguno de los compañeros y jefes con webdoscerofobia.

En cualquier caso, un recurso más para ilustrar (¿?) la web 2.0 y buena introducción a una charla sobre ese invento. Ya sabéis, por eso de empezar con un chiste ;-) . Me encanta cuando sale Facebook.

Lo encontré en DigiZen: Un blogfesor aprendiendo.

Publicado en Humor, Web 2.0.

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El semanal de anotaciones (primavera 08, 2º domingo)

ClipAlrededor de sólo un 8% de los usuarios de internet proveen de contenidos, son los denominados creators en el índice de clasificación Forrester’s Social Technographics que revisa Genís Roca. un dato a tener en cuenta en cualquier diseño de comunidad en red. Lo que parece es que ese 8% es hiperactivo a la vista de lo que se acumula en mi Google Reader cada día. Y, por si fuera poco, los creators se juntan de vez en cuando y publican un libro. Es el caso del blogbook: El futuro es tuyo. La revolución social de las personas que fue presentado el pasado martes, como lo cuenta su impulsor: Dioni Nespral. Aún no me lo he leído. Cuando lo haga, os cuento. Escribir un libro entre muchos y por red. Una idea simple pero con fuerza de las que habla Xavier Marcet.

Simples y contundentes son las entradas del diccionario filosófico de El café de Ocata. Esta semana La retórica modernaNo digáis a mi madre que trabajo en publicidad. Ella cree que soy pianista en un burdel“, La idiocia y Mandamiento moral ¿O no tan simples? También me han gustado las lecturas que hace Nodos en la red de la siesta asesina y de la crisis que viene que ya llegó que ya está aquí: la Eticonomía. Os parecerán artículos muy diferentes, pero en realidad los dos están relacionados con la lucidez en la lectura de informaciones tergiversadas que nos regalan los medios. Por cierto, sobre la crisis ésa no os perdáis esta explicación estructurada y clara, en Viajar por Internet.

Dos ideas más que quisiera comentar con Félix en una entrada, de blog a blog, son Teletrabajo: la desventaja de la virtualidad y El cliente es el jefe, pero no el amo. Dan que pensar. Como la cita que nos presenta Presión Blogosférica: “Culture eats strategy for breakfast”. Muy buena. Sobre lo que hay que reflexionar profundamente es sobre los resultados de la investigación que nos trae Telémaco:

…el hecho de trabajar puede aumentar drásticamente la productividad. Especialmente si se compara con actividades del estilo de perder el tiempo, darse de baja o escaquearse del trabajo.

Nadie había llegado a conclusiones tan interesantes sobre la productividad desde hace mucho tiempo. Aunque, insisto, no hay que menospreciar a la vagancia bien entendida. Todo muy Dirty Management.

Acabo con una ilustración que siempre me ha gustado, era el tema gráfico del vinilo de Santana: Abraxas, una de sus obras preferidas por mí. Resulta que su autor, Mati Klarwein, es revisado esta semana por Días del futuro pasado y allí la encontré.

Annunciation by Mati Klarwein - 1961

Hasta luego.

Publicado en Weeklog.


De artesano a artesano

Dentista artesanoImposible encontrar un dentista que se avenga a atenderte un sábado. En las clínicas ni de coña y los particulares ni los encuentras… Si te parten la boca a partir del viernes tarde, encomiéndate al diablo, los dentistas al uso te partirán el corazón. La modalidad más servicial (de cursillo de atención al cliente, que el cliente es lo primero) te sugieren que te hinches a medicamentos como para tumbar a un toro hasta el lunes o hasta el primer hueco en su agenda…

Pero hay excepciones. Gracias a Internet y a cierta tozudería encuentro a un dentista que, ok, vente aquí lo antes que puedas que tengo una cita a las dos. A unos 45 kilómetros de mi casa, pero vale, vale, gracias, gracias. Llego a la una y media pasada a la “clínica” con el logo que ilustra esta entrada (atención al detalle de la aparente margarita). El cartel y la entrada cubiertas de vegetación.

El dentista está solo en su “clínica”, una planta baja decorada coloridamente, con un porchecito con banco para esperar tomando el aire. El profesional no va uniformado, sabes que es él porque se pasea por el local como lo que es, el jefe y único responsable. Está frente a un portátil. Un tipo de pasados los cincuenta largos. Hola, eres el de la urgencia. Sí. Ok, un momento que acabo un mail. Pasa y ponte cómodo. La sala de trabajo es impecable, pero no impoluta, hay láminas profesionales, pero también acuarelas y posters de colores.

No lleva bata, va con un par de camisetas una encima de otra, uno de esos pantalones de algodón, marrón caqui, de múltiples bolsillos y deportivas. Perdona, he llegado un poco tarde. No hay problema, he retrasado mi cita. A ver échate, abre la boca, ya sabes…

No más de treinta minutos que han incluido anestesia, radiografía, intento de salvación, desistir y extraer a un precio sorprendente por lo honesto; todo con explicaciones justas sobre los porqués y los cómos, que me voy a meter en tu boca y voy a hacer esto y lo otro ¿ok? ¿Qué te parece si le echas un vistazo a esta otra que no está muy fina? Ésa no te duele, no es urgente, y yo tengo una cita. Para otra vez, ¿ok? Después de pagar salgo y él lo hace al poco, sin prisa, de camino a su cita, con el portátil bajo el brazo y la misma ropa con la que me atendió.

Pues eso. No es broma ni delirio post-traumático. Capacidad de adaptación, saber dar prioridad entre lo urgente (mi dolor) y lo importante (su cita), nada de soluciones enlatadas, déjame ver cómo está y te digo qué haremos, el precio honesto, las explicaciones claras, la eficiencia y lo que vale es lo que te cuesta, que no me ha cobrado precio de urgencia.

Podemos y debemos escribir mucho y pensar más sobre artesanía y consultoría, pero la verdad está ahí fuera…

Y no sabéis lo bien que me ha dejado…

Publicado en Artesanía, Consultoría.

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Siento no poder escribir hoy…

Dolor de muelas…pero el dolor de muelas parece que se siente cómodo y ha decidido pasar unos días alojado en mí.

La foto sospecho que es furtiva y tomada clandestinamente de alguna pieza del Dr. Samuel D Harris National Museum of Dentistry.

Y no doy más de mí. Hasta mañana.

Publicado en Monstruosidades.