Lees artículos sobre la web 2.0, la tecnología que hay detrás de todo eso, las nuevas maneras de idear y de pensar que fomentan y facilitan la inteligencia colectiva, y muchos son sesudos y profundos, resuenan en tu caja craneal y te activan tres o cuatro sinapsis que estaban un poco en desuso. Pero sales a la calle y a las organizaciones que hacen funcionar este mundo y muy raro es encontrar a nadie en sintonía con esos mensajes. Este barrio 2.0 está envuelto en nieblas como las de Avalon porqué la mayoría de la gente no lo conoce o, incluso, afirma no “creer” en él ¿Creer? Piensas tú ¿Soy un creyente con un blog de poca fe? ¿Soy un creyente en tierra de infieles?
Pues no, porque de vez en cuando te permiten mostrar alguna de estas extravagantes herramientas con nombres hawaianos como “wiki wiki” y compruebas que no es una cuestión de creencias sino de pragmatismo. Repentinamente descubres a la gente que aún quedan espacios que el texto puede colonizar libre de expedientes y fotocopiadoras. Lo más curioso es que la reacción más entusiasta es muy rara entre mandos o profesionales especializados (de los informáticos ni os cuento), que desconfían de cualquier territorio sin vallar. Quienes pican piedra es más fácil que aprecien que abras un nuevo horizonte. Porque, a veces, una sencilla wiki es un túnel para salir de la cárcel de normativas y seguridad que rodea a las personas en las organizaciones.
Hoy ha sido uno de esos días en que he podido comprobar ese fenómeno. Hasta se ha montado un corrillo de trabajadores alrededor de la pantalla, en una mesa asediada de papeles, mientras les explicaba a un par como podían dejar sus ideas en esa pizarra que asomaba por la pantalla (después claro, de solicitar al departamento de informática, sin explicarles para qué, que nos actualizasen el explorer 5.0 que estaba instalado). Al poco de demostrar como funcionaba el invento, alguien ha descubierto que eso permitiría saltarse los mil y un controles que los informáticos habían puesto. Descubrían que, efectivamente, esos controles eran como poner puertas al campo en cuanto te asomabas por la esquina de Internet.
Las personas, efectivamente.






Urbanita para toda la vida, fugado en una isla mediterránea; filósofo y letrado que mola más que psicólogo, de apellido, social que, en mis tiempos, era una especialidad. Entre tanto título genérico me quedé con un perfil polimórfico y más bien metodológico. Desde la enseñanza a la consultoría, pasando por la estadística, la creación de [...]


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