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Microvoluntades

MicrovoluntariosMe entero por nodos en la red de la puesta en marcha de Microvoluntarios, una especie de banco de tareas breves en busca de voluntades que las completen. La idea es sencilla y muy adecuada al medio 2.0.

No hace falta que te enroles en una ONG, ni que dediques una cuota fija de tu vida, ni pasar por un seminario de concienciación; sólo hace falta que encuentres aquella tarea, breve, concreta, a la que vale la pena dedicar tu esfuerzo por un tiempo ya estimado, en algún momento, cuando puedas.

Se trata de reclutar la fuerza de la larga cola de la voluntad para colaborar en la inmensa cola de las pequeñas tareas pendientes o, como dice Mario:

Por otro lado, hablamos de aquellas tareas que, requiriendo de un esfuerzo mayor, pueden no obstante descomponerse en paquetes de trabajo de menor entidad, fácilmente asignables a una o varias personas.

Es una idea muy bien resuelta, de aquellas que parecen obvias cuando las ves aplicadas. Acaba de empezar y le queda aún recorrido para acabar de ajustarse a su lugar en la red, pero vale la pena estar atento. Lo presiento.

Mario echa en falta a los A-bloggers dando cobertura a la idea. Bueno, yo no voy a ser consuelo para ese lamento.  ;-) Pero valga, por ahora, mi voluntad de presentaros a Microvoluntarios en el blog como microaportación a la idea.

Publicado en Equipos y personas, Web 2.0.

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Dokuwiking

Dokuwiki logoLlevo ya muchos días buscando una solución que equilibre sencillez con prestaciones para montar wikis de diversos tipos. Las wikis como servicio no me interesan porqué el proceso de alta de usuario puede ser frustrante para algunos nada iniciados. Algunas de las wikis serán para proyectos y de acceso restringido a los participantes. Necesito poder darles de alta por mi cuenta y tan sólo enviarles la página web, el nombre de usuario y su contraseña. Los servicios web de wikis implican una invitación que muchas veces no supera un filtro de spam corporativo y una serie de instrucciones, a menudo en inglés, que mucha gente no sabe seguir o, simplemente, es que no están para laberintos.

En plan práctico, tiene que ser una wiki muy fácil de instalar en un servidor propio, de sintaxis sencilla y que admita la incrustración de videos, presentaciones, etcétera, sin demasiados problemas. La que parece que se lleva el gato al agua, entre muchísimas, es Dokuwiki que, además. cuanta con una gran ventaja: las páginas se puede guardar en ficheros de texto, con lo que trasladar la wiki entera es cosa de niños y pasársela, por ejemplo, al cliente para que la ponga en su servidor al final del proyecto no tiene mayor problema. Una vez configurada una wiki básica, con una serie de páginas estándar (de bienvenida, de ayuda para manejarla), puedes copiar y pegar la wiki entera en una nueva carpeta de su servidor y ya está lista para funcionar. No hay que crear una base de datos. Las últimas versiones, además, cuentan con un valor añadido: te permiten crear permisos de acceso para cada página. Así puedo guardarme unas cuantas páginas para mí sólo, las que se corresponden a borradores muy iniciales o a documentos de gestión del proyecto.

Una de las wikis que quiero (y necesito) empezar a construir es una relacionada con recursos audiovisuales para presentaciones e introducciones a la web 2.0. Me puede ser muy útil para introducir el tema en mayor o menor profundidad según a quien me dirija. Me pondré a ello pronto y quizá, ya puesto, recopile otros recursos similares para diferentes categorías de temas de consultoría, algunos vídeos que pillo viendo series, pelis, anuncios o que encuentro en internet. Si alguien está interesado en colaborar con algo así, pues encantado, me lo decís que cuantos más seamos, más reiremos. Será una wiki abierta, por supuesto.

Publicado en Consultoría, Proyectos, Web 2.0.

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Prescindir de lo obsoleto

Al vuelo

“Aunque los utópicos tecnológicos dibujan un escenario de cambio rápido y radical (una revolución), la realidad que podemos observar en buena parte de la sociedad, las empresas o la política nos enseña que nos encontramos ahora en una larga fase de transición social, económica y política. En este tipo de transiciones, radicales pero largas, puede ser preferible prescindir de las ideas y métodos obsoletos para comenzar desde cero innovando en el desarrollo de nuevas estructuras organizativas a partir de las condiciones que emergen de modo impredecible.”

En Juan Freire: Pensamiento de diseño: entre la prospectiva y el diseño de estrategias.

Ahí es nada. Lo que parece claro es que hemos de poner a prueba, en lo social, esas características que nos han permitido la adaptación a cualquier entorno, en lo biológico. El cambio ha llegado pero no se va a marchar en bastante tiempo. O, quizá, sea la condición permanente de los nuevos tiempos ¿Cambio permanente? Pues sí, una paradoja y, por lo tanto, probablemente una buena aproximación. En el artículo de Juan Freire, algunas pistas.

Publicado en Al vuelo, Innovación, Organizaciones.

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Es que va muy lento…

¿Burocracia?En un proyecto para mejorar un proceso de concesión de ayudas.

- A ver, ¿me explicas los pasos por encima?
- Primero se graba la información. Cuando está grabada, se pasa a validarla…
- Perdona ¿a validarla? ¿por si está mal?
- Sí, claro.
- ¿Qué riesgo hay de que esté mal? ¿Por qué debería equivocarse el que graba?
- Es que hay un “rol” de validador, que es una persona con un nivel más alto que el que graba.
- Y esa persona, de nivel formativo y categoría superior que el grabador, está para validar lo que el grabador hace…
- Eso es.
- Bien, vale, ¿y entonces?
- Entonces, si la información está bien pasa a un jefe de valoraciones que reparte las los casos entre los valoradores.
- Perdona, y los valoradores ¿no pueden ir cogiendo los casos en función de su agenda? ¿Tiene que haber un jefe de valoradores para repatirlos?
- Es que hay un “rol” de jefe de valoradores que tiene esa función.
- Ya. Vale.
- Una vez valorado cada caso, se valida la valoración.
- ¿?
- Sí, un técnico de nivel superior al valorador confirma la valoración después de estudiarla y contrastarla con los datos.
- ¿Por si la valoración está mal?
- Eso. Es que hay un “rol”…
- … que tiene esa función, alguien de más categoría y nivel que sanciona la valoración…
- Bueno, no, no la sanciona, sólo hace una propuesta que pasa al Órgano Sancionador…
-
Que está compuesto por…
- [una lista de una media docena de cargos]
- ¿Y este grupo se mira cada caso y comprueba los datos y la valoración de cada caso?
- Sí, en teoría, aunque hay muchos y en realidad primero los revisa fulano y lo que fulano pasa como bueno se suele aprobar. Si no sería muy lento…
- Vale, el órgano aprueba definitivamente y…
- No, no, el Órgano lo pasa al Director que debe firmar cada caso…
- Y ¿se los mira uno a uno?
- No, hombre, firma todos los que le pasamos, es una formalidad…
-
Y… ¿fin?
- Sí, ya está, se envía la notificación al ciudadano y se pasa al proceso de cuantificar la ayuda… que es otro tema de otro departamento.
- Vale ¿Y el problema que tenéis con este proceso es…?
- Que va muy lento…

Están locos estos romanos…

Publicado en Monstruosidades.

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Formar o aprender

Aprendiz y maestroUn trabajador de la administración que conozco, relativamente joven, con un puesto directivo de bastante responsabilidad, no sabe manejarse con un tratamiento de textos. Su razón es que nunca le han dado un curso para aprender ofimática.

Por el barrio no estamos acostumbrados a ese tipo de actitud, aquí, quien más quien menos, ha acabado manejándose con un blog sin que se le cayeran los anillos ni se dejase la salud en el intento. No voy a entrar en si es cuestión de actitud o de motivación, que suelen ser debates que no acaban en mucho (aunque apasionantes, desde luego). La cuestión que me ocupa es otra: ¿Aprender necesita de la formación?

Mi respuesta se puede prever: no. Sin embargo, parece ser que está sólidamente instalado en el sistema que no hay aprendizaje válido sin formación que le acompañe, entendiendo la formación como un conjunto de acciones formalizadas en un programa, supervisadas por un sistema de control y traducidas en unas horas de presencia en un entorno formativo. Fuera de eso, nada vale, al menos oficialmente.

En la formación profesional, la gente que forma suele ser, al menos, de una generación anterior a la de los formados. Los alumnos necesitarán de aprendizajes nuevos en corto tiempo. Muchos de los empleos o entornos laborales en los que trabajarán los nativos digitales no existe hoy día, pero los maestros son emigrantes digitales de cuando el empleo era otra cosa. Incluso para inscribirse en un curso se examina la adecuación del currículo del solicitante, como si las personas estuviésemos encarrilados en una vía laboral sin cambio de agujas. Cuando se programan las acciones formativas se analiza (si hay suerte y planificadores competentes) el mercado laboral… de hoy, mejor dicho, de ayer, ya que los análisis llevan su tiempo. Tras analizar y seleccionar, al aprendiz se le somete a un baño de horas superior siempre a un mes de jornadas laborales, un mes de la vida, vaya; y si el curso es efectivo, el aprendiz sale con un oficio entre levemente conocido y remotamente aprendido pero totalmente certificado.

La estrategia de programación de las acciones formativas profesionales, si ha sido pensada, se orienta, casi siempre, a las necesidades del mercado laboral (una abstracción) o a la empresa como la cliente de la acción, así se la proveerá de trabajadores como es debido. El ciudadano es un participante pasivo, como mucho opta a un abanico de cursos, pero sus deseos y opiniones sobre lo que quiere aprender no constan, no computan.

En un mundo (por no decir un mercado, que no me gusta) donde se hace más y más evidente que se necesita polivalencia, capacidad de aprendizaje continua, adaptarse a… no, mejor provocar, los cambios y empezar a orientarse a una ética hacker del trabajo, donde la innovación, la resolución de problemas y la autonomía son los valores por los que parece más seguro apostar ¿No debería fomentarse mucho más el aprendizaje que la formación?

¿Me estoy haciendo un lío con las palabras? A ver. El aprendizaje lo realiza la persona, cada una de ellas, con mayor o menor dificultad en función de los apoyos y facilitadores del entorno. Las personas aprenden, las instituciones forman, poniendo a disposición de las personas los recursos para aprender. Un profesional que lleva toda la vida en un oficio ¿sólo debería aprender uno nuevo por necesidades de reciclaje? ¿sólo se puede cambiar cuando tus experiencias y conocimientos son obsoletos? Así se plantea la formación profesional, como un parche al deterioro que el tiempo ha producido en los trabajadores.

La formación, decía, no debe ser un fin en si mismo, pero el aprendizaje ¿por qué no? ¡¿Cómo?! ¿Aprender cualquier cosa porque sí? Pues sí, si apetece y se dispone de tiempo y ganas. Aprender es acercarse a lo diferente y resolver los problemas que plantea, aunque nunca ejerzas de lo que aprendes, te estás entrenando para el cambio, para la polivalencia, para la innovación ¿No era la innovación cosa de personas? Los modelos de solución de problemas de los diferentes oficios pueden transferirse de unos a otros. Cuando le recomendamos a un directivo que innove les estamos insistiendo a que rompa hábitos y salga a pillar ideas cuanto más lejos mejor. Pero eso no se lo permitimos a los aprendices.

La formación no es un fin en si mismo (copiar esto 1.500 veces en la pizarra) y no se justifica más que para facilitar el aprendizaje. Las empresas deben ser escuchadas al programar la formación, pero los ciudadanos aún más. De lo que se trata es de aprender, no de formar. Las personas son los agentes.

Publicado en Cambio, Equipos y personas, Formación.

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El semanal de anotaciones (primavera 2008, 4º domingo)

ClipInternet, como todo, tendrá su fin y se admiten apuestas sobre cuál de entre estas diez muertes acabará con ella. Lo vi en Enrique Dans, y él en GigaOm; y antes de que eso ocurra, Internet se quedará anticuada, así lo piensa despuesdegoogle. Pero, mientras todos nos quedamos calvos, por aquí seguimos, entre blogs y wikis, y Reflexiones e Irreflexiones nos trae un par de referencias para ayudarnos a ver las diferencias. La mejor red social es la que se configura alrededor del blog personal, esa es la posibilidad que valora El Documentalista Enredado en su entrada Blogs e identidad digital profesional. Así que hasta que Internet fenezca, a bloguear. Por si no se acaba mañana, estaría bien que los políticos nos leyesen un poco; en De bat a bat, por ejemplo, le presentan al Conseller d’Innovació, Universitats i Empresa de la Generalitat un decálogo 2.0. Lo encontré gracias a Administraciones en Red, que lo presenta en castellano. Poco a poco, vamos calando. Por ejemplo, Juan Freire nos informa de que los datos geográficos han sido liberados. Las administraciones se abren y las empresas ya están bastante instaladas en la red social; ved, si no, Empresas en la red: un inventario de recursos y experiencias que ha elaborado eCuaderno.

De la Internet social a la innovación social. Iñaki sigue meditando y aportando sobre el tema con su entrada Innovación social: el factor ideológico y con el rigor de siempre. Sigue el curso de Open Innovation en el que anda Julen y esta semana presenta los casos de Lego y Mozilla contrastados.

Para quienes creemos que la economía es para los economistas, Nodos en la red nos descubre que, en realidad, la economía es sexy en una entrada y recopilación de los títulos más seductores de la divulgación económica. Habrá que darle al tarro y lo necesitamos bien engrasado. Amalgama de letras nos explica cómo lubricarlo.

Acabo con una frase encontrada en Microsiervos:

“En un momento dado nos daremos cuenta que todo el trabajo del mundo lo hace un solo trabajador a través de una cadena de subcontratas.” El futuro de Dilbert (Scott Adams)

Y, también a través de ellos, esta ilustración del nuevo concepto Twittérbole:

Publicado en Weeklog.


Formaxicación

formación austeraEn estos días de información dispersa, de acceso universal e inmediato, superabundante y multicanal, aparece la palabra infoxicación para describir la angustia que genera la inacapacidad de procesarla debidamente.

¿Podemos acuñar un acrónimo semejante para la incapacidad de procesar el exceso de formación? Sólo que, en este caso, no se trataría de procesar intelectualmente contenidos formativos sino de ser capaz de digerir toda la oferta formativa que de continuo nos cae encima, todos esos recursos que parecen inacabables, imposibles de digerir ¿Formaxicación? En inglés sería menos sintético pero muy claro: Training Overload o Sobrecarga Formativa.

Estoy dándole vueltas al tema porqué quizá tenga la oportunidad de participar en un proyecto para meterle mano al asunto. Así que aprovecho el blog y espero aprovecharme de vuestros comentarios para sacar punta a un primer planteamiento crítico.

  • Tiempos: La población (activa, en paro, trabajadora) ¿dispone de suficientes horas como para cubrir la asistencia a todos los cursos gratuitos de formación profesional, ocupacional, empresarial y reglada que se ofrecen gratuitamente? Yo creo que no, pero no he conseguido encontrar este número de horas formativas ofertadas. De hecho, estoy bastante seguro de que no. No hay horas, ni quitándose de dormir, para que toda la población pueda asistir a todas las horas programadas (y financiadas).
  • Duraciones: ¿De verdad es necesario programar cursos de 200, 300 y hasta 500 horas? En un mundo donde se ha atomizado la información relevante para que viaje y se presente rápida y brevemente ¿tiene algún sentido realizar cursos tan colosales? El abandono de cursos es uno de los grandes males de la formación profesional y ocupacional ¿Y se extrañan? ¿No debería optarse por contenidos-pastilla? Quizá fuera necesario que la certificación no se otorgase si no te has tragado un “cóctel” de pastillas determinado, pero el aprendiz sería el que eligiese el ritmo de la dosis, en función de su disponibilidad de tiempo y proyecto personal.
  • Compartir: ¿Cómo es posible que el curso que se da en el pueblo de al lado sea de lo mismo que el de aquí y no se aproveche el conocimiento del programa, sus contenidos y su experiencia? Se repiten los cursos por doquier pero no se acumula conocimiento compartido sobre ellos. Cada uno empieza de cero y en cada uno se paga a algún profesional para que vuelva a diseñarlo, se trata de una tarea absurda, eternamente repetitiva. Cada curso podría ser mejor que el anterior si se compartiese la experiencia. Pero si hay una actividad atrincherada y reacia a compartir, ésa es la de la formación profesional.
  • Humildad: La formación es un medio y no un fin en sí mismo. Lo primero es pragmatismo, lo segundo, fundamentalismo. Nadie es mejor ni tiene más oportunidades en función del número de horas que pase formándose, pero en algún lugar hay que meter tanto dinero destinado a formar y, claro, el mejor argumento es que la formación es importante. Se trata de un argumento de venta para lo invendible. Además supone que sólo se aprende mediante cursos y eso no vale la pena ni contra argumentarlo. La formación es útil, puede ser útil y con eso basta.
  • Control: Ante la aparente negativa a formarse de la población en general y la ingente cantidad de recursos, en cambio, destinados a que se forme sí o sí, se opta por realizar un control exhaustivo y atrofiado de todas las actividades formativas. Como es gratis, hay que garantizar que los recursos sirven para algo y la mejor manera de aparentar que se controla el tema es hacerlo pasar por toda una maraña de filtros y comprobaciones. Sin embargo, los fraudes en la gestión de los fondos formativos no cesan y periódicamente se descubre algún escándalo.
  • Evaluación: Contrasta el sinnúmero de controles con la escasez de datos sobre la eficacia y eficiencia de la formación profesional. Nadie puede argumentar objetivamente sobre la bondad de las acciones formativas a medio y largo plazo. Nadie se atreve a calcular cuánto cuesta una hora de formación con todos sus costes. Nadie comparte sus datos con los demás.
  • Reiteración: Todos los cursos de formación subvencionada deben incluir determinados módulos “de interés general” (prevención de riesgos laborales, por ejemplo). Si uno participa en tres cursos de formación ocupacional, se doctora en esos módulos de pura repetición. Recursos perdidos sin sentido.
  • Necesidades: ¿Alguien conoce las verdaderas necesidades formativas de la población activa? Estudios a patadas, pero resultados incógnitos ¿Necesita un emprendedor de un curso de 500 horas de gestión de empresa? ¿Para montar un bareto? ¿Las necesidades formativas se solucionan con cursos? ¿Todas? El mejor aprendizaje no se realiza en los cursos, sino en los puestos de trabajo.
  • Práctica: Se considera que la formación es práctica si tiene prácticas. Claro. Obvio. Hay una ingente mano de obra semifraudulenta proveída por los cursos de formación subvencionada. El control burocrático de las prácticas es un verdadero infierno de papeles y firmas, pero, en realidad los participantes en los cursos, en muchas ocasiones, realizan unas prácticas mediocres, nada cualificadas y con una leve relación con la promesa formativa.
  • Medios: El aula. Punto. Algún Moodle que otro si consigue superar el aparato de control burocrático. La técnica y método de la formación no ha sufrido apenas cambios en años y años. Si acaso se han sumado conceptos y formatos de dudosa utilidad, mucho más orientados a justificar los recursos que a mejorar la eficacia.

Con todo esto, hay profesionales que aún tienen el coraje de investigar y experimentar, pero son los menos porque no es ése el destino principal de los recursos. La gran parte del descomunal pastel de los recursos formativos se los llevan las infraestructuras que por doquier se han creado para poder acceder a la parte de tarta correspondiente. Espero que ninguno de estos profesionales de la “resistencia” educativa se sienta molesto por estas opiniones.

Como decía, a la vista de un proyecto que pueda mejorar en algo el panorama de la formación profesional, necesito contrastar por escrito lo que considero sus problemas más graves.

Es eso de la visión crítica.

Publicado en Formación, Opinión, Proyectos.