Una trompeta blanca en el corazón del jazz. Alguien dijo, no recuerdo quién, que
Chet Baker tocaba como si cada vez fuese la última. Debía de ser verdad, porque su adicción a la heroína le puso siempre al borde de la muerte. Un día, en el 88, lo encontraron bajo la ventana de su habitación, en un hotel de Amsterdam, muerto por la caída. En su habitación dejó a la heroína y a su trompeta. No se llegó a saber con certeza si se trató de un suicidio o de un accidente. Las historias y rumores son desde puras conspiranoias hasta románticas. Yo me quedo con la que cuenta que, cuando no le dejaron entrar en el hotel tras descubrir su adicción, intentó escalar hasta la ventana para recuperar su trompeta, y cayó por última vez.
Chet Baker fue una jovencísima promesa desde los 50. Era atractivo, tenía una técnica impecable y, al cantar, su peculiar voz apagada potenciaba su aire romántico. Sin embargo, su biografía va desde casi tocar el cielo a un descenso a los infiernos. My Funny Valentine (compuesta, de nuevo, por Richard Rodgers) es una de sus interpretaciones más sentidas, tanto en trompeta como cantando y aquí la dejo, junto con un vídeo de un directo tocando Love for Sale.
El jazz le va bien al otoño.
My Funny Valentine
Chet Baker sings My Funny Valentine
Chet Baker en directo: Love for sale.
Foto de
Francesco Maino vía
chetbakertribute.com.
Toda la
música que sonó.
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