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De artesano a artesano

Dentista artesanoImposible encontrar un dentista que se avenga a atenderte un sábado. En las clínicas ni de coña y los particulares ni los encuentras… Si te parten la boca a partir del viernes tarde, encomiéndate al diablo, los dentistas al uso te partirán el corazón. La modalidad más servicial (de cursillo de atención al cliente, que el cliente es lo primero) te sugieren que te hinches a medicamentos como para tumbar a un toro hasta el lunes o hasta el primer hueco en su agenda…

Pero hay excepciones. Gracias a Internet y a cierta tozudería encuentro a un dentista que, ok, vente aquí lo antes que puedas que tengo una cita a las dos. A unos 45 kilómetros de mi casa, pero vale, vale, gracias, gracias. Llego a la una y media pasada a la “clínica” con el logo que ilustra esta entrada (atención al detalle de la aparente margarita). El cartel y la entrada cubiertas de vegetación.

El dentista está solo en su “clínica”, una planta baja decorada coloridamente, con un porchecito con banco para esperar tomando el aire. El profesional no va uniformado, sabes que es él porque se pasea por el local como lo que es, el jefe y único responsable. Está frente a un portátil. Un tipo de pasados los cincuenta largos. Hola, eres el de la urgencia. Sí. Ok, un momento que acabo un mail. Pasa y ponte cómodo. La sala de trabajo es impecable, pero no impoluta, hay láminas profesionales, pero también acuarelas y posters de colores.

No lleva bata, va con un par de camisetas una encima de otra, uno de esos pantalones de algodón, marrón caqui, de múltiples bolsillos y deportivas. Perdona, he llegado un poco tarde. No hay problema, he retrasado mi cita. A ver échate, abre la boca, ya sabes…

No más de treinta minutos que han incluido anestesia, radiografía, intento de salvación, desistir y extraer a un precio sorprendente por lo honesto; todo con explicaciones justas sobre los porqués y los cómos, que me voy a meter en tu boca y voy a hacer esto y lo otro ¿ok? ¿Qué te parece si le echas un vistazo a esta otra que no está muy fina? Ésa no te duele, no es urgente, y yo tengo una cita. Para otra vez, ¿ok? Después de pagar salgo y él lo hace al poco, sin prisa, de camino a su cita, con el portátil bajo el brazo y la misma ropa con la que me atendió.

Pues eso. No es broma ni delirio post-traumático. Capacidad de adaptación, saber dar prioridad entre lo urgente (mi dolor) y lo importante (su cita), nada de soluciones enlatadas, déjame ver cómo está y te digo qué haremos, el precio honesto, las explicaciones claras, la eficiencia y lo que vale es lo que te cuesta, que no me ha cobrado precio de urgencia.

Podemos y debemos escribir mucho y pensar más sobre artesanía y consultoría, pero la verdad está ahí fuera…

Y no sabéis lo bien que me ha dejado…

Publicado en Artesanía, Consultoría.

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4 Respuestas

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  1. Iñaki dijo

    Enhorabuena, Miguel.

    Veo que ha sido todo una experiencia y un aprendizaje. No hay mejor forma para entender a los usuarios que ponerse en su piel “consumiendo” servicios.

    Espero que podamos seguir leyéndote, ahora que ya has solucionado los problemas físicos.

  2. los sueños de la razón dijo

    Gracias, Iñaki, back to blogging, por supuesto. Y sí, los probelmas no físicos son otro cantar. ;-)

  3. Julen dijo

    Cada vez va a ser más fácil encontrar gente así. Hay mucha y está ahí. A veces hace falta un sábado y una urgencia para encontrarla. Enhorabuena.

  4. odilas dijo

    A mi, estas experiencias, llegan a conmoverme (tanto como enfurecerme las contrarias -y cada vez con más intensidad las unas y las otras-). Te llevas algo más que unas muelas bien puestas.
    Espero que estés mejor.



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