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Una de las cosas más divertidas de la consultoría al uso es el tipo de lenguaje que habitualmente utiliza, tanto hablado como escrito. Aquí una serie de las tradiciones que distinguen tan noble oficio y que siempre me han parecido del todo fascinantes. Con todo mi cariño a los compañeros. Con más cariño a unos que a otros. |
- ¿Por qué usar palabras cortas? Eso denota pobreza, como todo lo escaso ¿Si se puede decir “yo he sido partícipe de ese acontecimiento” por qué decir “estuve allí”?
- Los verbos comunes son la peste, hay que hablar con sustantivos que, además, cumplen con la directriz anterior: tienen más sílabas y hacen las frases más largas. En vez de “formar” o “valorar”, hay que decir “realizar / llevar a cabo / poner en práctica una formación / valoración”.
- De hecho ¿acaso no es todo realizable? ¿No es labor del consultor “hacer realidad”? Realicemos reuniones (en vez de reunirnos), realicemos análisis (en lugar de analizar), realicemos aproximaciones (en vez de acercarnos) ¡Realicemos para realizarnos!
- No nos confundamos, no todos los verbos son nuestros enemigos. Los que resultan extraños al diccionario o al habla común deben priorizarse, externalizarse, visualizarse, tutorizarse, maximizarse y nunca minimizarse. Hay que conseguir verborizar todos los sustantivos y adjetivos y sustantivizar todos los verbos para optimizar nuestro lenguaje y que nos valoricen de una vez.
- Otro enemigo al que hay estar atentos son las simples y sencillas preposiciones que puedan acortar frases. Nunca decir “para” sino “con el objetivo de”. Jamas utilizar “según” sino “de acuerdo con” o “en función de”.
- Hay que realizar frases escritas (y realizar emisiones orales de mensajes hablados) con frases subordinadas que generen una evitación en lo posible de cualquier puntuación que realizaría un acortamiento de la frase y que podría dar la oportunidad de realizar un descanso o una toma de aliento al lector o a aquel que escucha y que nos debe prestar atención ya que el trabajo que llevamos a cabo se paga por unidad de tiempo y no por cantidad de ideas generadas que valgan la pena.
- Si una palabra muestra las cosas tal como son, hay que sustituirla. Los que dicen como son las cosas son los consultores y no las palabras. Otro gallo les hubiese cantado a los del Apolo XIII si en lugar de decir “Houston, tenemos un problema“, hubiesen dicho “Houston, tenemos una gran oportunidad de mejora”.
- Al hablar de un tema hay que referirse a aquello de lo que es objeto nuestro discurso hablado o escrito con sustituciones del mismo que hagan que el mismo sea inedintificable para el lector, así aquel considerará que nuestro trabajo es mucho más complejo de lo que el mismo es en realidad ya que aquel tendrá que leer sobre aquello varias veces sin éxito y pensará que es un incapaz en comparación con nuestra capacidad de abstraernos de aquello de lo que tratamos.
- No callar.
- Siempre decir la última palabra.
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Publicado en Consultoría, Palabras.
Etiquetado con Decálogo.
Por Miquel Rodríguez
– Lunes, 10 Diciembre 2007
Nunca hay que subestimar que la retórica es un gran (e imprescindible) sustitutivo de la perspicacia, y cuando no se sabe muy bien cuál es el problema y/o cuál es la solución, “implementar estrategias que nos permitan evaluar e identificar los factores responsables de la situación facilitará visionar futuros escenarios que ofrezcan perspectiva suficiente para definir la misión y los objetivos de la empresa y encontrar en la organización y en sus recursos humanos y de los otros las sinergias necesarias que coadyuven en la generación de un adecuado estado organizativo. Amén.”
¡Maestro!
Muy bueno, Miguel.
Otra manía extendida es cambiar el sujeto, el objeto directo y todos los circunstanciales por construcciones iniciadas por “desde”.
Muy bonito. Mi aberración favorita es suprimir los actores de las frases: Se llevará a cabo un análisis de bla, bla, bla.. o Será necesario hacer… o mejor aún, During 2008 a deep review of x and x will take place… O sea, adiós a los sujetos, por si lo que digo no acaba de cuajar, o por vicio, vaya usted a saber…
Anoto sus aportaciones para el manual de consultolabia definitivo.
Excelente manual, cuyos puntos se pueden traspasar casi integramente al mundo de la educación, por lo menos por estos lares. Es curioso observar que es en los documentos de carácter interno, que deberían estar elaborados pensando en ser claros y concretos, donde más se da esta hemorragia verbal (síntoma, en ocasiones, de diarrea mental).
Me pregunto si este tipo de escritura verborreica tiene un correlato mental. Si quien escribe así, piensa así… ¡qué dolor de cabeza!